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22 de Marzo: Día mundial del agua

Fue en el año 2009, cuando se consiguió que en nuestra constitución se añadiera el agua como un derecho humano y no fue con poco esfuerzo…” La persona que me cuenta esta historia es Mirtha Téllez León, una de las personas que componen Mosoj Causay, una pequeña ONG que lleva desde 1994 trabajando por el pueblo boliviano desde Cochabamba. Me comenta esto en una conversación por teléfono, a casi 9500 kilómetros de distancia. Seguramente, desde Mallorca, estas ideas que me transmite no tengan el mismo peso.

Hago por saber un poco sobre su historia de vida, por qué trabaja en una ONG y cómo llegó a ello. Me cuenta que todo empezó con un grupo de voluntariado formado por estudiantes universitarios. En los inicios, trabajan conjuntamente con una parroquia del barrio. Durante los años 1992-1993 se produjo una fuerte sequía en Bolivia, que tuvo como consecuencia una gran migración desde zonas rurales hacia la ciudad.  A raíz de ello, este grupo de voluntariado se organizó para dar desayunos a las personas que llegaban.

Pero esta asistencia era algo más: Era un movimiento de solidaridad entre personas, sin la colaboración de organismos públicos. Las personas a las que ayudaban vivían de la agricultura, por culpa de las fuertes sequías tuvieron que cambiar su vida y buscar la supervivencia en la ciudad. A pesar de que al principio no repararon en ello, poco a poco, las personas voluntarias fueron profundizando en éstas historias de vida.

Fruto de la sensibilización generada por esas actividades solidarias, surge la posibilidad de conformarse jurídicamente como ONG, con el objetivo de aprovechar proyectos de fortalecimiento en comunidades desfavorecidas que promovía el gobierno Boliviano. Entonces fue cuando fundaron Mosoj Causay, que en quechua significa Nueva Vida.

A inicios del siglo XXI, la población de Cochabamba consiguió repeler la privatización del servicio de agua. A pesar de ello, a día de hoy existen regiones cercanas a la misma en las que las personas no tienen acceso a ella. Esta carencia se hace más latente en las zonas rurales y montañosas, donde no existen sistemas de abastecimiento público.

En nuestra conversación telefónica, Mirtha me cuenta cómo tuvieron que soportar que el grupo empresarial estadounidense-holandés Bechtel Corporation consiguiera durante unos meses la concesión del abastecimiento de agua, es decir la privatización de su acceso.  

El objetivo de esta multinacional era hacer negocio a costa del agua, agua destinada a los cultivos y hogares de los habitantes de Cochabamba. Camuflada detrás del nombre Aguas del Tunari, nombre del parque nacional situado al oeste de dicho departamento, ésta empresa consiguió adular al gobierno de la ciudad para cerrar un contrato de 40 años. El mismo entró en vigor sin una inversión en infraestructura u otra mejora que repercutiesen favorablemente a la ciudadanía.

Hablamos sobre cómo el nuevo contrato privatizaba no sólo la red de aguas municipal, sino aquellos pozos de zonas rurales que algunas familias o pequeñas comunidades habían cavado, lo que suponía tanto el cobro por esta agua como el aprovechamiento de sus infraestructuras.

En septiembre de 1999 se firmó el contrato otorgando a Bechtel y a su co-inversora, la española Abengoa, el control de la compañía de agua de la ciudad por un período de 40 años. Todo ello en unos términos de gestión del servicio poco ortodoxos, donde se producen subidas en el precio del suministro de agua, que en algunos casos llega hasta multiplicarse por cinco.

Con este clima y con el lema “El agua es nuestra ¡Carajo!” la ciudadanía se manifiesta y va tomando literalmente las calles. Las movilizaciones, iniciadas por la población usuaria de los sistemas de riego rurales, poco a poco gana el respaldo de los habitantes de la ciudad. Personas campesinas a quienes la subida de precio les suponía una verdadera tragedia, se ven atendidas por residentes en barrios humildes y otros no tanto. Cooperativas, campesinos, comités de agua, todos se unieron al movimiento, todas organizaciones independientes a la alcaldía.

El 10 de abril de 2000, el gobierno del país (dirigido en la época por el ex-dictador Hugo Banzer), con un saldo de más de 175 heridos y un muerto (Víctor Hugo Daza), anunció que el contrato con Aguas del Tunari quedaba rescindido. Triunfo del pueblo movilizado.

Esta historia nos hace ver cómo a veces nos dejamos llevar por ideologías que retratan a otros pueblos de obsoletos o infantiloides, y las relegan a países o zonas “subdesarrolladas”. Las carencias de derechos existen a lo largo y ancho de nuestro mundo, independientemente del país. Y el denominador común no es otro que el capitalismo, el feroz objetivo de una concepción cultural del yo supremacista. Esperemos que lo vivido por el pueblo boliviano nos sirva de ejemplo para conseguir una sociedad más justa.

Hoy en día, Mirtha y el voluntariado de Mosoj Causay desde Cochabamba, siguen junto a las comunidades rurales gestionando y realizando obras para que el agua sea un derecho.

Referencias


democracyctr.org “Bechtel vs. Bolivia. Detalles del caso y de la campaña” https://democracyctr.org/es/archivo/la-guerra-del-agua/bechtel-vs-bolivia-detalles-del-caso-y-de-la-campana/

Coordinadora de defensa del agua y la vida https://www.voltairenet.org/article120357.html